· Crónicas de la conquista · No. 01: Oda a La Piña


Recientemente tomamos un curso en el MAMM con la artista Maria Buenaventura que trataba la relación entre territorio y comida. Uno de los aprendizajes más grandes que nos dejó este taller fue la de entender la vegetación del trópico a partir de los ojos de los conquistadores.

Como crecimos en la era de la tecnología y la comunicación, nos parece increíble llegar a un territorio del cuál no sepamos nada, y aún más increíble tener que describirlo utilizando únicamente nuestra memoria sensorial. Sin embargo, esto fue lo que le pasó a Gonzalo Fernández de Oviedo cuando llego a “las Indias”.

Al desembarcar se topó con un paisaje nuevo, dentro del cual no lograba identificar ninguna especie. Lo difícil era que debía redactar crónicas detalladas de sus hallazgos para la realeza española, con la idea que ellos pudieran vivir el nuevo mundo al leerlo. Esto planteaba el reto de describir lo que veía y probaba sin referenciar sus sentidos amplificados durante el viaje. Para poder ser entendido debía utilizar olores, sabores, texturas, colores y sensaciones únicamente encontradas en España.

Esto no sería tan complejo si habláramos de describir una papa en Perú y una en Colombia, pues hasta compartimos fronteras y raíces. España por el contrario tiene una gama de vegetación y paisaje sumamente diferente a la de América.

Así que cuando Fernández de Oviedo se encontró con la Piña, antiguamente conocida como Llallama o Abacachi, hizo una hermosa poesía para intentar transmitir lo que esta fruta representaba para sus sentidos.

“Esta es una de las más hermosas fructas que yo he visto en todo lo que el mundo he andado. (…) El cual nombre de piñas le pusieron los cristianos, porque lo parescen en alguna manera, puesto que éstas son más hermosas e no tienen aquella robustocidad de las piñas de piñones de Castilla; porque aquellas son de madera o cuasi, y estas otras se cortan a cuchillo, como un melón, o tajadas redondas mejor, quitándoles primero aquella cáscara, que está a manera de unas escamas relevadas que las hacen parecer piñas. Pero no se abren ni dividen por aquellas junturas de las escamas, como las de los piñones (……) Y aún en mi parecer, más propio nombre sería decirla alcarchofa, habiendo respecto al cardo e espinos en que nasce, aunque parece más piña que alcarchofa. Verdad que no se parte totaliter de ser alcarchofa (…) Ni pienso que en el mundo la hay que se le iguale en estas cosas juntas que agora diré. Las cuales son: hermosura a la vista, suavidad de olor, gusto de excelente sabor. (…) Mirando el hombre la hermosura désta, goza de ver la compusición e adornamiento con que la Natura la pintó e hizo tan agradable a la vista para re - creación de tal sentido. Oliéndola, goza el otro sentido de un olor mixto con membrillos e duraznos o melocotones, y muy finos melones, y demás excelencias que todas estas fructas juntas y separadas, sin alguna pesadumbre; y no solamente la mesa en que se pone, mas, mucha parte de la casa en que está, siendo madura y de perfecta sazón, huele muy bien y conforta este sentido del oler maravillosa e aventajadamente sobre todas las otras fructas. Gustarla es una cosa tan apetitosa e suave, que faltan palabras, en este caso, para dar al propio loor en esto; porque ninguna de las otras fructas que he nombrado, no se puede con muchos quilates comparar a ésta. Palparla, no es, a la verdad, tan blanda e doméstica, porque ella misma parece que quiere ser tomada con acatamiento de alguna toalla o pañizuelo; pero puesta en la mano, ninguna otra da tal contentamiento. (…) Algunas se han llevado a España e muy pocas llegan allá. E ya que lleguen no pueden ser perfectas ni buenas, porque las han de cortar verdes e sazonarse en la mar, y desa forma pierden el crédito (….) Yo las he probado a llevar, e por no se haber acertado la navegación, e tardar muchos días, se me perdieron e pudrieron todas e probé a llevar los cogollos e también se perdieron.” [1]

En ese extracto podemos ver como Fernández de Oviedo intenta describir, nombrar y domesticar la naturaleza desconocida. La compara en textura, olor, sabor y apariencia con semillas y frutos de España. ¡Imagínense comer un salpicón de melocotón, moscatel, melón y membrillo y llegar a la conclusión de que sabe a Piña!

En todo caso la tropicalidad de nuestra Piña y todo lo que evoca en quién la saborea creo tal furor en aquél entonces que los españoles intentaban llevarse las piñas verdes y maduras para su tierra natal. Sus intentos resultaban infructuosos pues la piña madura se dañaba rápidamente y la verde nunca maduraba (El fruto de la piña se debe arrancar en un momento específico para que durante las siguientes semanas pueda madurar, de lo contrario nunca se torna dulce). Para satisfacer sus deseos de consumir la piña la alta sociedad española decidió sencillamente utilizarla como elemento decorativo, y paso a ser el centro de mesa de las grandes galas de la época.

[1] Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, Ediciones Atlas, 1959.

Links interesantes:

http://www.lablaa.org/blaavirtual/exhibiciones/historia-natural-politica/hnp-05.html

http://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/viewFile/660/663

#fruit #piña #pinapple #conquista

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