El Orinoco de Humboldt

La Orinoquía es una región de Colombia que lleva fuera del foco turístico tras 60 años de conflicto armado. Esto le ha permitido permanecer parcialmente protegida de la destrucción. La visitamos en Enero de este año y fuimos partícipes de lo que Humboldt llamó la octava maravilla del planeta.

La primera vez que este territorio fue explorado por forasteros fue en 1800 por Alexander Von Humboldt al desviarse de su ruta de viaje destinada a Venezuela. Sus crónicas relatan largos viajes en bote por el ancho río sin fin, donde sobresalen anguilas que descargan choques eléctricos,caimanes gigantescos, tortugas monumentales, delfines rosados y aves jamás registradas. Uno de los elementos más utópicos del paisaje, sus rocas, fueron registradas por el explorador como majestuosas y los Raudales de Maipure fueron para él la Octava Maravilla Natural.

Todos los relatos semi-utópicos de Humboldt siguen siendo absolutamente reales. Los caimanes están casi desaparecidos y las tortugas desubicadas por el cambio climático, sin embargo la magia de las rocas milenarias y el las enormes dimensiones del río son simplemente indescriptibles.

Durante el verano el agua del río baja más de 100m y deja visible las líneas de sedimento de inundaciones previas. Los árboles del lecho del río, increíbles por su capacidad de supervivencia al estar completamente sumergidos en el agua durante el invierno, crecen sobre poco sustrato casi milagrosamente apoyados sobre las rocas. Durante el invierno los peces aprovechan la amplitud del río y los frutos de los árboles para alimentarse y procrear. Al llegar el verano su espacio libre disminuye y es por esto que la temporada de pesca deportiva se realiza en este momento. Todas las plantas, animales y humanos que han evolucionado en este territorio dependen del subir y bajar del agua, pues su alimento, desplazamiento, arquitectura y costumbres dependen de ello.

Una de las plantas más fascinantes de este viaje para mí pertenece a la familia de Podostemaceae.

Esta planta parece pelo, y crece sobre las rocas milenarias de manera salvaje. Durante el invierno adquiere un color verde y vibrante, torna a las rocas muy resbalosas y le da al río un aspecto vital. Cuando el nivel del agua desciende, estas plantas se secan y quedan expuestas; es aquí cuando arrojan sus semillas y el ciclo se renueva.

Notas de viaje

#orinoco

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